9 feb 2009

¿Quién Conoce mi Apartamento?

El móvil había sonado con precisión suiza cada treinta minutos desde las doce de la noche. Iban a dar las tres y me quedé mirando el móvil esperando ver de nuevo un "nº oculto" en la pantalla. En esta ocasión, en lugar de no contestar, directamente iba a desviar la llamada. Pero apareció un nombre, y me sorprendió, no era normal ver parpadear en la pantalla del móvil el nombre de Jerónimo.

-Hola, Jerónimo, ¿ocurre algo?, es una hora un poco extraña para que me llames.
-Lo siento, señor, pero llevo llamándolo desde las doce sin darme cuenta de que tenía el móvil en número oculto.

Jerónimo Mocasín era el portero de mi apartamento y una de las pocas personas que tenía el número de mi móvil.

-Verá, señor, no sé si es importante pero esta tarde, a eso de las seis, han llegado un hombre y una mujer preguntando por usted. Les he explicado que estaba de viaje y no volvería hasta la próxima semana, y por supuesto les he dicho que no tenia su teléfono ni sabía dónde estaba.
-¿Se han presentado, quiénes eran?
-No lo sé, señor, por eso le llamo. El hombre ha esperado hasta las nueve, luego se ha marchado sin despedirse ni decirme su nombre. La mujer, en cambio, se ha quedado hasta las doce que he cerrado la portería. Se ha sentado en uno de los sillones de la entrada y sólo me ha dicho que era una amiga.
-¿No te ha dado un nombre?
-Es muy raro, señor. Sobretodo porque en los cinco años que lleva viviendo en el apartamento nunca recibe visitas, bueno, salvo en una ocasión que llego de madrugada con una señora...
-Jerónimo, al grano, deja de marujear.
-Disculpe. El caso es que me ha dicho que la conoce, que se alegraría de verla y que necesitaba hablar con usted urgentemente. Sólo eso.
-¿Cómo era?


-Toda una señora. Hermosa, morena, bien vestida, falda hasta la rodilla, zapatos de tacón, piernas largas, pecho...
-¡Jerónimo!
-Perdón, pero es que es un pecho muy vistoso, y uno es portero pero muy hombre.
-¿Edad?
- No me fijé, lo que quiere decir que estaría en su plenitud, pongamos cuarenta y algo. Más joven que usted, señor.
-Bueno, ¿cómo acabo la visita?
-A las doce le dije que tenía que cerrar la portería y no podía quedarse nadie dentro. No puso ningún reparo, se levantó, se alisó la falda, me dijo hasta mañana y contoneando sus caderas se encaminó hasta "La Buena Esperanza", el hotel que hay justo enfrente. Creo que se hospeda allí, y le apuesto algo a que vuelve mañana.
-Está bien Jerónimo, si vuelve insiste en que no sabes cuándo volveré. En realidad no sé cuándo regresaré al apartamento. Gracias, amigo.

No más de tres personas conocían la existencia de ese apartamento, y ninguna parecía ser la visita misteriosa. El apartamento, poco más que un estudio, lo utilizaba en pocas ocasiones, apenas una semana al mes, cuando dejaba el Búho de Oro a cargo de una exnovia de Malaspulgas que aprendió el oficio en la cantina de Yeserías.

-Una larga conversación, Búho. Creo que necesitas a alguien que te escuche. Pon un wisky y soy todo oídos.
-¿Dónde está tu ex, Malaspulgas?

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