Querido Búho:
Tú que eres hombre de aprensiones médicas me vas a entender.
Unas placas rojas que pican como demonios y una presión dolorosa a la altura del pecho me han aconsejado visitar al médico. Los de la SS me dicen que me han cambiado al médico. No, no era médica. Creo que aquí no las hay más allá de la enfermería. Le explico a mi nuevo médico lo de las placas, lo del dolor y que todo esto no es nuevo. Hace más de 20 años que conozco mis dolores. Debe de tratarse de una alergia, le explico intentando acortar la visita. Me ausculta, me toma la tensión y me somete a una interrogatorio inquietante:
-¿Fumas?
-Sí
-¿Desde cuando?
-Desde que tuve edad para entrar a las discotecas
-Has pensado en dejarlo
-No
-¿Cuánto fumas?
-Un paquete dos días. En jornadas normales
-¿Cuándo te fumas el primer cigarro del día?
-Después del desayuno. Ponle una hora desde que me despierto.
Deja el interrogatorio y pasa a las observaciones:
-La tensión está al limite -¿no había otra expresión?-
-¿Al límite de qué?
-De la normalidad. -no insistí para no parecer estúpido, pero me quedé sin saber a qué se refería con lo de la `normalidad´
-Te vas a tomar tres días la tensión
-Vale, tengo un aparatito que...
-Nada de aparatitos. Aquí, con un enfermero y un informe.
-¿Algo más?
-Una analítica.
Te juro, Búho, que he oído hablar mucho de las analíticas pero no recuerdo haber visto ninguna. Pensaba que era una leyenda. Pero no, no lo es; la enfermera me ha provisto de un botecito para la primera meada del día sin ponerse roja, lo que me lleva a pensar que es algo habitual.
-Lo de mis placas y mis dolores -le recuerdo-
-Sí, eso puede ser una alergia. Te ordenaré -¡que manía con ordenar, se creen capitanes de fragata!- una pastilla cada noche durante ochenta -¡ochenta!- días. Para empezar.
-Pero si esto se me va sólo. Fíjate que ayer lo tenia todo encendido y salí de la casa y se me paso.
-Hay quien se queja de que las pastillas producen sueño, pero no es verdad. -¡vaya el caso que me hace!
-Resumiendo: mañana te acercas para la analítica, pasado para la tensión, luego ya te daré instrucciones.
Ya entenderás, Búho, que he salido más intranquilo de lo que he entrado. Lo malo es que tengo que entrar más.
Con la confianza de que la consulta de mi médico no se convierta en mi nueva casa, recibe un fuerte abrazo de tu amigo,
J.-
29 mar 2010
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario