27 nov 2009

Muy Íntimo

Íntimo, íntimo, lo que se dice íntimo, es el peso de uno. Pero hay que echarle valor a la vida.




La voz de alarma me la dio las apreturas de un pantalón.
-Tú que vas tanto a "Zara", ¿crees que la ropa mengua?
-Creo que tú has crecido, papá.

Después de muchos meses me miré al espejo y, efectivamente, encontré cosas que no recordaba como mías: un depósito de cerveza y un contenedor de tapas varias. Gracias a mi envidiable sangre fría pude dominar el terror y tomar delicadísimas decisiones. No fue fácil, cuando le anuncié a mi niña que iba a someterme a una estricta dieta, se me quedó mirando, y con el miedo en el cuerpo, me preguntó cuánto tiempo iba a durar  el suplicio. "Hasta que lo diga el pantalón", le conteste con firmeza.

Va para cinco días y el resultado es espectacular: ya no me duele el pantalón. Y la verdad es que mi niña me anima mucho y no deja de repetirme lo estupendo que estoy y que ya va siendo hora de que yo regrese a la cocina.
-¿De verdad, niña?
-Sí, papá, de verdad, métele mano a los pimientos, la cebolla, las patatas, el ajo, la pasta, los arroces y demás delicatessen, que no aguanto más. Hambre no se pasa...¡¡pero me aburrooooo!!

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