Ayer la vi. Anoche fue; la luna llena, la luna blanca, grande y poderosa. Y me consolé.
Las noches largas del invierno tienen algo bueno, pensé: hay más tiempo para disfrutar de la luna llena, más horas para saborear lo que para algunos es un puro combustible. Lo confieso, puede ser cosa de la vida misma pero lo confieso: la luna llena me estimula, me mete directamente en vena un chute de vida. Pero dura tan poco la luna llena...
¡Las malditas nubes!
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