No eran ni las siete de la mañana cunando me ha despertado mi gato Naco (parece que está mejor, gracias) gritando como un poseso para pedirme que le abriera la puerta de la casa. Pues ale, a la calle; pero a qué, eso es lo que no entiendo, y particularmente hoy, porque vaya despertar que ha tenido el día. Viento, mucho viento es lo que se oía al amanecer. No me gusta el viento, no creo que a nadie le guste el viento; salvo esta mañana. Después de abrir la puerta para que el gato Naco saliera a la calle he vuelto a la cama, me he metido entre las sábanas y me he acurrucado sobre mí mismo. Con media sonrisa he escuchado cómo el viento se colaba por las rendijas de la ventana, he oído el sonido del invierno más antipático mientras me burlaba de Eolo y de la madre que lo parió; me queda, pensé, una media horita hasta que nos veamos las caras, pero mientras, engorroso monstruo otoñal, yo estoy aquí, calentito conmigo mismo y tú dando el callo para joder al personal.
Cuando he salido a la calle un par de horas más tarde, he comprobado que luce un sol otoñal muy agradable y el cielo tiene un azul mediterráneo que te llena de vida. Eolo se ha largado, ya no hay viento. He ganado. ¿O fue un sueño?. El gato Naco estaba en la calle.
23 oct 2009
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