Para redondear esta gilipollez de reflexión añado que lo que he dicho más arriba es verdad sólo a medias. Es cierto que debido a una serie de circunstancias que no vienen al caso he rebajado hasta el mínimo mi presencia por el mundo. Y oye, ¡¡qué poco te echan de menos!!. Un par de amigos y poco más. Incluso aquellas personas que creías más allá de la simple amistad compruebas que en menos de lo que dura un orgasmo te han cambiado por alguien más real. Es la vida, chico. Pero también te encuentras con sorpresas de las buenas. No compensa, pero consuela.
El tiempo que me quede, escaso supongo, siempre tendré presente a la única lealtad crítica que he tenido: la muchacha a la que le gusta cómo cocino. El hecho de que sea sangre de mi sangre vale para mi, pero he comprobado que no siempre es una garantía. Más a su favor. Y también guardaré -¡coño, esto parece una despedida!- como paño en oro la reacción leal y sincera de ...uno, dos, tres, cuatro...no muchos más. Y oye, que como está la cosa ya son una legión. Además, mi gato me habla. De momento.
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Y junto con esta alegre canción, Búho me ha remitido una carta algo más comedida en la extensión, pero al borde de lo impublicable en el contenido. De momento la retengo, aunque sé que acabaré publicandola. En realidad tampoco es para tanto
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