Cuando ya tenia superado que mi gato hablase en lugar de maullar, mi hija, la que tiene el buen paladar de elogiar mis recetas de cocina, se ha emperrado en que seamos nosotros quienes aprendamos su idioma. Y es lo que yo le digo: vale, que hable, pero que aprenda él el castellano.
Y en esas estamos.
7 oct 2009
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