Con el cambio horario la depresión matinal es algo más suave; ya no nos despertamos con la noche cerrada, al abrir los ojos podemos adivinar algún rayo de sol (horario mayoritario). Lo malo es la noche, que nos sorprende con la sobremesa.
Lo del invierno con sus días cortos y sus noches frías no hay quien lo maquille, por mucho regate horario que se invente. Los amaneceres de invierno, por mucho que los adelanten, siempre serán tristes. Otra cosa que hay que pasar. Paciencia.
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