17 sept 2009

Ni Torquemada...

Me han dado puerta. Sufro días de desalojos, y éste último, con portazo de blog incluido, ha sido especialmente doloroso. Entiendo que lo echen a uno de los pensamientos, de los recuerdos o de los sentimientos, pero dejar de ser motivo de curiosidad me repatea hasta dejarme sin aliento. A no ser, claro, que ya no quede ni un leve rastro de cariño, ese sucedáneo de los sentimientos y de las pasiones. Desprecio es lo que es eso. Es lo que hay, la vida misma, como decía el otro.

¿Cómo debo de sentirme, qué debo hacer?. ¡Y yo qué coño sé!. El que más y el que menos ha pasado por ahí, ¡a ver qué se dice en un caso como este! Lo que aconsejo es no dar consejos, basta con ofrecer compresión. No sé, digo yo. Otra opción es, ¡oh crueldad!, decir lo que se piensa y espetarle en plena cara: oye chato, que tienes lo que te has ganado, no busques fantasmas que el único que asusta eres tú. Un lío. Mejor perderse. Pero qué quieres, entiendo que joda en toda el alma. Y más si el cabrón -¡vaya, perdón!- no hace otra cosa que pasar una y otra vez la misma canción.



Ni Tomás de Torquemada hubiera ideado un tormento tan cruel. Así pues, compasión.

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Sin noticias de Búho. Mucho me temo que esté molesto conmigo.

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