1 sept 2009

La Vida Misma

Después de dos horas de conversación habíamos dado buena cuenta de una ración de jamón, de unas berenjenas fritas con miel, de un plato de caña de lomo, de un salmorejo con cigalas y de un solomillo con patatas a lo pobre. Todo ellos con la media botella de manzanilla y una de Marques de Riscal crianza. A los postres -bizcocho empapado con vino dulce y regado con natillas frías y chocolate caliente- Lola parecía estar convencida de que podía encargarse del negocio. Pero frenó. Fue durante el café. Me miró pensativa y cortó todo entusiasmo.
-No puede ser Búho. Este negocio vale una pasta. Un dinero que yo no tengo. Un alquiler razonable lo podría pagar, pero hay un traspaso que yo no puedo pagar.
-El Búho de Oro no se traspasa. Simplemente se pasa. Veras, Lola, yo no compré el Búho, ni el local. Me lo regaló un inglés loco. Un viejo marinero con el que pasé una Nochevieja. Cuando descubrió que le quedaban unos meses de vida me buscó y me cambió el negocio por un mapa en el que a lo largo de los años yo había anotado lugares, personas, bares, restaurantes, hoteles, fechas, comidas, bebidas y otras cosas de interés para un viajero loco. El inglés se marchó y me prometió que el último acto de su vida sería devolver el mapa a la dirección de El Búho de Oro.
-¿Te lo mandó?
-Después de muchos años. Yo pensé que la muerte le llegó de manera repentina, sin darle tiempo a cumplir su promesa. O, simplemente, que lo había olvidado. Pero hace unos meses recibí un paquete con el mapa y una nota del viejo. "¿Pensabas que te tenía olvidado o que me había muerto? ¡Joven desconfiado! Este viejo lobo de mar siempre cumple sus promesas, y si no me he muerto antes no ha sido por falta de interés, si no por la mala organización que deben de tener en el registro de los condenados por cancer; y eso me ha permitido, casi, completar tu mapa. Ahora te lo devuelvo con mis propias anotaciones. Espero que te sirva de algo. Un abrazo de este viejo marinero que se está tomando su último ron".
-Nunca te había oído contar esa historia...
-Nadie, casi nadie, la conoce. Te lo cuento para que sepas por qué estoy aquí, por qué no cobro traspasos, y una de las razones por las que me voy.

Lola estaba aturdida con la historia y con el vino. -¿Dejamos los detalles para mañana, Búho?. No estoy centrada.
-Yo lo tengo claro, Lola. No vas a pagar traspaso y el alquiler será simbólico. Mañana firmamos el contrato.--Con las últimas palabras le hice una señal al camarero para que nos trajera la cuenta.

Camino al Búho de Oro nos llamó Inés para decirnos que había tenido que llamar a la ex de Malaspulgas, la que aprendió el oficio en la cantina de Yeserias, pero necesitaba más refuerzos. Dejé a Lola cerca del Búho de Oro y tomé el camino de mi apartamento. Durante el trayecto llamé a mi abogado. Miré el reloj, eran cerca de las dos de la madrugada, pero para una vez que lo necesitaba...
-Siento despertarte, Raimundo.
-Si fuese verdad que lo sientes no me habrías llamado. Solo pienso escuchate si etás en la carcel, y eso para asegurarme de que no te sueltan hasta mañana
-Lo que necesito es que me redactes un contrato con las instrucciones que te voy a dar.
Conseguí tranquilizarlo apelando a nuestra vieja amistad y recordándole que, en realidad, era la primera vez que lo molestaba y le estaba pagando una iguala desde hacía años. Después le expliqué que quería un contrato en el que el Búho lo alquilaba; el precio del alquiler, las limitaciones para que no pudieran subarrendarlo ni cambiar sustancialmente de actividad y otras cosillas. Se comprometió a mandármelo por e-mail a primera hora de la mañana.

Cuando entré en el apartamento conecté el portátil, me preparé un Jack Daniel´s con un cubito de hielo en vaso ancho y le di al "on" del equipo de música


Ding-dong...me sorprendió que sonara el timbre de la puerta, sobretodo a las dos y media de la mañana. "¿Y quién le ha abierto el portal?", pensé. "Ajá, debe de ser el nuevo portero de noche que me ha visto llegar. Jerónimo -el pobre Jerónimo aun estaba convaleciente del disparo que recibió a la puerta del Búho de Oro- es más discreto". Y abrí la puerta.
-¿Es verdad que te vas?
-Es complicado de explicar, pero resumiendo: Sí.
-¿A dónde?
-Donde me lleve el viento.
-¿Y por qué?
-Ya sabes, Pasión...es la vida misma

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