Cogió una papeleta al azar, sacó el bolígrafo que llevaba en el bolso para la ocasión y escribió: ¡¡mi voto para Coca Cola, estos sí dan la felicidad!! . El presidente de la mesa, después de leer su nombre en voz alta y con la solemnidad que requería el momento, dijo: ¡vota!, y dejó caer el sobre en el interior de la urna consumando el ritual democrático.
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Cuando abrieron el sobre para el recuento lo dieron por nulo. Lástima.
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