25 jun 2009

Playa Seca

-No sé qué tomar, Búho. Las siete de la tarde es una hora muy rara para mi
-¿Has probado con una Vichy?
-¿Eso es agua, no?
-Sí.
-Pues no.
-Pues tú dirás, Malaspulgas.
-Mira, voy a probar un Gin-tonic. Eso se parece a la Vichy.
Preparé dos Gin-Tonics y mientras se lo servía a Malaspulgas le pregunté su opinión sobre algo que me rondaba por la cabeza.

-Oye, Malaspulgas, ¿qué te parece el nombre de "Playa Seca"?
-Una mierda. ¿Dónde has visto una playa seca?. No conozco nada que se llame así
-Es el nombre para un Chiringuito de espuelas en la playa.
-¿Tú estás bien, Búho?. ¿Qué es eso de un chiringuito de espuelas?. Querrás decir de espetos.
-Quiero decir de espuelas. Ya sabes, donde se toman las últimas copas, las espuelas.
-Me vas a perdonar, amigo, pero creo que has perdido el norte...y el sur.
-Es un proyecto que tengo entre manos. Hay un local en el paseo, junto a los chiringuitos, que se alquila baratito para la temporada, y me ha dicho el alcalde que me consigue los permisos si lo montamos a medias. Yo pongo mi profesionalidad y él, el cargo. Yo sirvo las copas y él retrasa la hora del cierre.
-Te estás corrompiendo, Búho.
-Son negocios, Malaspulgas.
-Pues ten cojones y pon tu nombre. Playa Búho, por ejemplo.
-No quisiera relacionarlo
-Porque también te huele mal.
-¡Tengo una idea para ese negocio! -volvimos la cabeza y vimos surgir a Don Próspero desde la penumbra del fondo de la barra
-¡Joder qué susto, Próspero! -tardé unos segundos en reaccionar- ¿has oído toda la conversación?
-Completa, pero como buen comerciante solo haré uso de la información en provecho propio.
-Es un alivio -me rendí- ¿Y qué ideas tienes?
-No sé cómo coño sacarme de encima las aletas de buzo que me colocó Visitador. Estoy pensando que podemos poner un rincón de suvenirs e intentar darles el pase. Y ya liados colocaría otros artículos para mayor esplendor del negocio.

Llevábamos cerca de un interminable minuto de tenso silencio cuando entró Pasión al Búho de Oro.
-Buenas tardes, caballeros. Malaspulgas necesito hablar contigo, sentémosnos en esa mesa.

A pesar de hablar bajito nos llegaron algunas palabras sueltas.

-Mi padre...local....paseo...lo llevas...copas...cierre...playase...

Don Próspero y yo nos mirabamos atónitos
-¡Será joputa!

18 jun 2009

El precio de las ¿cosas?

-A mi me parece una barbaridad. Noventa y cuatro millones de euros por dos piernas dándole a un balón es una locura, ¡qué queréis que os diga!, por muy bueno que esté le tío.

-Lola, que tú de esto no entiendes. El fútbol es cosa de hombres y tus opiniones no nos valen -Malaspulgas acababa de meterse en un jardín sexista-
-¡Machista repugnante!, porque eso es lo que eres Malaspulgas, un machista retrogrado, antiguo -Lola se iba creciendo en la indignación- cavernario, inculto...
-Vale, ya está bien Lola -me vi obligado a intervenir, después de todo Malaspulgas era un cliente-. Y tú, Malaspulgas, no te creas tan gallito que las chicas van entendiendo de esto más que los tíos.
-Como profesional del comercio -terció Don Próspero- tengo que decir que la operación parece un poco desproporcionada, pero teniendo en cuenta quién está detrás seguro que el negocio es redondo.
-Pues la Iglesia -intervino Don Ángel- se acuerda mucho de los niños del Biafra cuando ve estas cosas. ¡La de bocatas de calamares que se podían comprar para esos niños con esta cantidad de dinero!. Pero doctores tiene la Iglesia, caballeros.
-¿Pero es que nadie se acuerda de lo que pagó el Barsa por Maradona después de lo mundiales del 82?. Aquí lo que sucede -Don Severo, el maestro, parecía que tenia las ideas claras- es que se pone de manifiesto las tensiones territoriales, porque a ver, ¿quién está criticando al Madrid?, pues los catalanes segregacionistas. ¿Es que no lo ven?
-Yo lo que digo es que el Florentino tiene un par de cojones, ¡sí señor! -el que hablaba era Visitador García, el representante de aletas de buzo, que rondaba a Lola como un moscardón desde hacia unos días-
-¿Cojones? -Malaspulgas se metió de lleno en la conversación- lo que tiene es una par de bancos que le dejan el parné. Y cojones, vale, eso no lo voy a negar, pero aquí lo que cuenta es la pastora, chicos, sino de qué. Y una cosa más os voy a decir...
-Poco a poco, muchacho -Don Próspero cortó a Malaspulgas y echando un paso atrás para tener mejor pespectiva del grupo, adelanto la copa como si de una batuta se tratara- esto tiene fácil final. Mi colega Don Florentino, que es un tipo cabal y avispado, está acostumbrado a las inversiones millonarias, que es lo que es esto, lo que pasa es que aquí sois todos unos muertos de hambre que os acojonais cuando oís hablar de cien mil euros de nada. ¿No te parece Búho?
-Yo lo que digo es que cada uno haga con su dinero lo que quiera, pero con el suyo. Y si le sale mal que apechugue.
-Jefe -Lola parecía más apaciguada- ¿cuando iniciamos conversaciones para la revisión salarial?
-Vende lo que vende el Cristiano y yo me convierto al florentirismo.

17 jun 2009

El Búho y la Luna

-Entonces, jefe, ¿no sabe por qué le han disparado a su portero?
-Sé lo mismo que tú, Lola. Y mientras que Jerónimo esté en la UCI no podemos hablar con él.
-No me lo creo, jefe, no me creo que no sepa nada.

Lola tenía razón, no estaba siendo sincero. Es cierto que no sabía quién o por qué le habían disparado, pero me barruntaba que tenía relación con una conversación que tuvimos Jerónimo y yo días atrás en mi apartamento, justo el domingo pasado.

-Creía que librabas los domingos, Jerónimo.
-Así es, señor, pero tenía que comentarle algo.

Acababa de sacar una Alhambra Reserva del frigorífico y se la ofrecí a Jerónimo mientras abría de nuevo la nevera y cogía otra cerveza para mi. Le pedí que se sentara en el sofá y preparé unas aceitunas de la Explanada etiqueta negra que me mandaba un amigo de Alicante, unas patatas y unos berberechos de las rías gallegas con un poco de limón y pimienta y unas gotitas de aceite.

-Para comer tengo gazpacho y pipirrana con merluza. Espero que me acompañes.
-Gracias, señor, pero es cosa de unos minutos y no le molesto.
-No es ninguna molestia, pero primero cuenta qué te ha traído hasta aquí un domingo por la mañana.
-Verá, señor, se trata de la mujer de las ocho menos tres minutos. Como me dijo que no le hiciera caso no le he dicho nada cada vez que ha venido. En realidad no me molesta, ¡y qué quiere que le diga!, está de muy buen ver y me alegra las mañanas que viene a la portería.
-¿Viene muchos días?
-Lunes, miércoles y viernes de cada semana. Pero ya le digo, no me importa. Llega a las siete de la mañana, me saluda y me pregunta si está usted en el apartamento. A veces le digo que sí, otras le digo que no, pero a ella no parece que le importe lo que le responda y se sienta en el sillón hasta las ocho menos tres minutos, entonces se levanta, se despide muy amablemente y se va. Eso es todo. Bueno, eso era todo. El miércoles pasado en lugar de la mujer vino un tipo grande y malencarado que con voz hosca y malhumorada me preguntó por usted. Le dije que no estaba y que si quería que le trasmitiera algún mensaje me podía dejar su nombre y el recado. Sin responder me miró con unos ojos que no olvidaré jamás y se dejó caer en el sofá de la entrada. Eso eran las siete de la mañana y estuvo allí hasta las ocho que se marchó sin despedirse.
-¿Por qué no me dijiste nada?
-Como ya le he dicho eso fue el miércoles, y ese día salí para mi pueblo para visitar a mi madre, la pobre está muy malita, señor. Como sé que ahora termina muy tarde de trabajar no quise molestarle a esas horas y pensé en llamarle más tarde, pero lo de mi madre se complicó y lo olvidé. Lo siento.
-No importa. Sigue.
-Regresé el viernes a las nueve y media de la mañana con la intención de contárselo, pero cuando bajó le noté molesto porque un cliente suyo, un tal Malaspulgas, había descubierto su apartamento. Pensé que no era el momento. Por cierto, que no sé si el viernes estuvo la mujer o el hombre.
-La mujer, estuvo la mujer. Eso me dijo Malaspulgas.
-Entonces debe de ser suya esta nota que encontré ayer entre los cojines del sofá de la entrada.

Cogí la nota que me ofreció Jerónimo y la leí dos veces en silencio

-No tiene firma ni destinatario.
-La letra es de mujer, señor. Estoy convencido de que es de la mujer de las ocho menos tres minutos y que se refiere a usted, aunque como ve parece que está dirigida a mi para que se lo trasmita.

Apuré de un trago la media cerveza que me quedaba en el vaso y volví a leer la nota:

El Búho y la Luna son amantes de la noche que los Rayos Atronadores quieren destruir. Dígale a su jefe que se cuide de las luces cegadoras que cazan búhos, oscurecen la luna y rompen la noche.

Jerónimo me miraba en silencio esperando alguna explicación.

-Bobadas, pero gracias Jerónimo. Y si vuelve ese tipo me avisas, y mientras espera que baje llamaré a la policía. No tienes porqué preocuparte.

-¿Y si viene la mujer?

-La haces subir.

-¿La conoce, señor?

-No. No creo, Jerónimo, no creo.

Luna, amantes, noche...un millón de recuerdos se me agolparon en mi mente en un segundo.

-Jefe -Lola, que parecía estar dispuesta a arrancarme alguna confesión, me sacó de mis recuerdos- sólo quiero saber si estoy segura trabajando en el Búho de Oro. Lo de los tiroteos como que me asusta, Búho.

-No te preocupes, he hablado con Don Fortunato, el alcalde, y me ha prometido que reforzará la seguridad en la zona. Vamos a tener policía hasta en los cubatas, Lola.

-Entonces a trabajar como siempre, supongo.

-Como siempre no, más. La semana próxima tenemos luna llena. Lola, vamos a celebrar una fiesta: La Noche de la Luna Llena. Busca ideas.

16 jun 2009

La Terraza en el Callejón

Para llegar al Búho de Oro había que abandonar la travesía principal y recorrer cuatro metros por un estrecho callejón peatonal y sin salida. Soy consciente de que ese pequeño recorrido me restaba mucha clientela, por lo que ese verano decidí montar una pequeña terraza con la ayuda de Don Fortunato, el alcalde, que hizo valer su cargo para agilizar el trámite de los permisos municipales. Cinco mesas bajo cuatro grandes sombrillas con luz tenue y música suave atraían a los paseantes de la travesía, con lo que la clientela aumentó de manera considerable, hasta el punto de que la ex de Malaspulgas, la que aprendió el oficio en la cantina de Yeserías, nos echaba una mano de manera ocasional.

Aquella noche el calor era asfixiante y la humedad del mar vencía con diferencia a la fresca brisa que disfrutabamos habitualmente, por lo que los gin-tonics, las cervezas y los helados granizados -idea de Lola- nos estaban dejando una caja muy curiosa. Con el calor, las copas y la animación propia de la época, no nos dimos cuenta de que eran las seis de la madrugada y que comenzaba a adivinarse cierta claridad en la linea del horizonte del mar. La brisa de la playa empezaba a llegar fresca y nos acariciaba la cara despejandonos las ideas. A esas horas apenas quedaban clientes en el Búho de Oro, por lo que Lola, la ex de Malaspulgas y yo, nos sumamos a la tertulia matutina junto con Don Próspero, Malaspulgas, Pasión, Braga, el maestro y un representante que le había vendido a Don Próspero un cargamento de aletas de buzo a muy buen precio y que se estaba dejando la comisión pagando las copas de su clientes y sus amigos.

La luz del día iba invadiendo lentamente la ciudad, los sonidos de la noche se apagaron sin apenas darnos cuenta y el cansancio parecía llegarnos a todos por sorpresa cuando oímos el frenazo de un coche, un portazo y el rápido caminar sobre los adoquines de la travesía. Inmovilizados y confundidos nos mirábamos los unos a los otros cuando escuchamos lo que nos pareció la detonación de un disparo. No atinamos a reaccionar hasta que apareció por la esquina la figura de un hombre encorvado, tambaleándose y agarrándose la tripa. Fue entonces cuando nos levantamos como si un resorte nos empujara y corrimos en auxilio del herido. Antes de que llegáramos a la esquina el hombre se desvaneció y quedó tumbado boca arriba con un rictus de dolor en su rostro.

-¡¡¡¡Jerónimo!!!!
El portero de mi edificio yacía sobre la acera con con un boquete ensangrentado en el estomago y la cara completamente desfigurada por el dolor. Sus ojos se movían sin dirección ni sentido hasta que se cruzaron con los mios
-No vaya a casa, señor.
-Jerónimo, ¿qué dices?
-Búho, no vayas a casa antes de las ocho menos tres minutos -balbuceó antes de cerrar los ojos-

10 jun 2009

Desayuno para dos

Hacía tiempo que estaba despierto, el suficiente como para disfrutar con el espectáculo de un nuevo amanecer, para repasar los periódicos por Internet y prepararme el desayuno: zumo de naranja, media tostada de mollete y un cortado con la leche fría. Lo tenía todo dispuesto en la mesa de la terraza junto con una bandeja de fruta variada que no tomaba pero le daba color y alegria a la mesa. Me disponía a sentarme y disfrutar de los veinte minutos más relajantes de la jornada cuando sonó el timbre de la puerta. Miré el reloj, las ocho. Abrí y me quedé mudo al ver a Malaspulgas con los ojos caídos y cara de no haber dormido en toda la noche.

-Hola, Búho, siento molestarte pero necesito hablar con alguien.

No conseguí articular palabra, di media vuelta y me dirigí a la terraza. Con un gesto le indiqué que me siguiera y me quedé de pie junto a la mesa del desayuno mirando al mar.

-Lo siento, Búho.
-¿Un café?. Iba...voy a desayunar.
-Gracias, me vendrá bien.


Sin mediar más palabras puse otro servicio en la mesa, me senté y me quedé mirando fijamente al intruso.

-Verás, Búho -comenzó a hablar mientras se servía un café sólo- como sabes Pasión y yo estamos en trámites de matrimoniar, y por lo tanto de que yo emparente con el alcalde.
-Lo sé
-Lo del alcalde me ha descolocado, ya no es lo mismo. No sé cómo explicarlo, pero me da la sensación de que el mundo, mi mundo, ya no es le mismo y eso me acojona. ¿Crees que serviré?
-¿Para qué, para ser yerno del alcalde?
-Y para hacer feliz a Pasión.
-Para lo primero sí. Cualquiera puede ser yerno del alcalde, es más, cualquiera puede ser el alcalde. En cuanto a lo de Pasión no lo sé. No conozco a ninguna mujer que confiese ser feliz por mucho tiempo con hombre alguno.
-¿Tú crees?
-Los espejismos se desvanecen.
-Pero si eso le pasa a todo el mundo igual no es un impedimento para matrimoniar, ¿no crees?

No le contesté, me limité a contemplar con ternura la cara desencajada y preocupada de Malaspulgas y a levantar los hombros. Pasados unos instantes Malaspulgas se levantó y se dirigió a la puerta con intención de salir del apartamento.

-Oye, Malaspulgas, ¿cómo has encontrado este lugar?
-Un día, por casualidad, te vi entrar en el edificio y he supuesto que es donde tienes tu refugio.
-¿Cómo has sabido en qué apartamento vivo?, el portero tiene ordenes de no proporcionarle a nadie la dirección.
-El portero no estaba, sólo había una señora sentada en un sillón de la entrada a la que le he preguntado por ti.
-¿Una mujer?
-Sí, hermosa y extraña. Después de facilitarme la dirección le he dado las gracias y cuando le iba a preguntar si te conocía ha mirado el reloj y se ha marchado diciendo que ya eran las ocho menos tres minutos

9 jun 2009

Disidente

Cogió una papeleta al azar, sacó el bolígrafo que llevaba en el bolso para la ocasión y escribió: ¡¡mi voto para Coca Cola, estos sí dan la felicidad!! . El presidente de la mesa, después de leer su nombre en voz alta y con la solemnidad que requería el momento, dijo: ¡vota!, y dejó caer el sobre en el interior de la urna consumando el ritual democrático.

Cuando abrieron el sobre para el recuento lo dieron por nulo. Lástima.

3 jun 2009

Un Mundo de Islas

-Mira esto, Lola, un mapamundi formado por islas. ¡Islas rodeadas de mar, islas aisladas!.

-¿Y...?
-¿No te gustaría tener una?
-Eso debe de costar un riñón, jefe.
-Sólo era un sueño, Lola.
-Sueño es no perder el empleo. Así que me voy a servir a los clientes para conservarlo.

Con el tiempo he aprendido que las mujeres son irritantemente pragmáticas y sólo se permiten las fantasías para alcanzar el orgasmo. Sin duda son superiores a nosotros.

Las siete y media. Estoy convencido de que ésta hora se ha inventado para disfrutar de un gin-tonic, de manera que mientras iba calculando cuánto podría costar una de éstas islas exprimí parte de medio limón sobre el hielo que había dispuesto en un vaso ancho y alto; dejé caer una rodajita de limón y le di vueltas al vaso para que el hielo perfumado refrescara sus paredes. Tres dedos de Seagream´s, cuatro de tónica Schweppes, y gin-tonic preparado.

-Jefe -Lola se acercó con rostro inquisitorial-, ¿usted qué isla elegiría, cuál se compraría si pudiera?
-Una isla single
-¿Single?
-¿No lo llaman así ahora?. A ver, digamos que sería una isla monoplaza. Biplaza a lo sumo. Eso sí, bien comunicada con otras monoplazas.
-¡Ya, y la querrá con vistas al mar!

2 jun 2009

La Gripe Cochina

A las nueve de la tarde la pluralidad de bebidas sobre la barra era lo habitual. Don Ángel, y en esto era poco original, tomaba su copita de anís; Don Próspero, el acostumbrado medio chivas y Malaspulgas una cerveza que bebía directamente de la botella. Aquella tarde apareció Don Fortunato por el Búho de Oro y todos sospechábamos que era para ir conociendo a Malaspulgas, su futuro yerno. Había un incomodo silencio sólo roto por algún comentario trivial de Lola que intentaba animar un poco la reunión. Finalmente fue Malaspulgas quien rompió el hielo:

-Don Fortunato, ¿si hubiera chiquillos con la gripe cochina, cerraría los colegios?
-Apea el tratamiento, Malaspulgas, creo que queda poco para que emparentemos. Y con respecto a la cuestión que me planteas he de decir que en ningún colegio de la ciudad se ha producido ni un solo caso de gripe A, por lo tanto la pregunta es ociosa. En cualquier caso, he de decir que de detectar algún brote de la gripe en cuestión estamos preparados para aplicar el protocolo previsto. Y os digo, como ciudadanos responsables que sois, que el primer paso es no crear alarma.
Joder alcalde! -Malaspulgas se frotaba los ojos mientras que con la otra mano se amorraba a la botella de cerveza- , con todos mis respetos, le voy a pedir como su futuro yerno y ciudadano que lo soy, que se olvide de los discursos. Únicamente lo preguntaba porque en Madrid parece que han cerrado dos colegios por lo de la gripe.
-Pero solo un día, mañana ya abren, alabado sea el Señor -intervino Don Ángel haciendo la señal de la cruz-

-¿No les parece a ustedes increíble? -la voz de Don Severo anunciaba su llegada-, los niños con un sólo día ya han cumplido la cuarentena, en cambio los militares han tenido los cuarteles cerrados no sé cuántos días.
-Sí que es curioso, sí. Lola, otra cervecita que esto no lo veo claro.
-Así está el país -remató el maestro- con unos soldados flojos y unos niños desprotegidos.
-Depende de cómo se mire, caballeros -terció Don Próspero- también cabe que la gripe sea pacifista y ataque con mayor virulencia al ejercito y que los niños hayan mejorado la raza y sean más valientes. ¡Vamos, que son más fuertes los niños que los militares!
Lola, que estaba presenciando la discusión, se acercó a Don Fortunato...
-Usted que es político, alcalde, ¿no cree que éste país es un pelín raro?
-La prueba la tienes delante, Lola: soy el alcalde

1 jun 2009

Un Mollete y Media Traición

-Ya sabes lo que pasa con esta cosas, Lola, te van a pedir media tostada de  mollete desmigado de la parte de arriba, dorado por los bordes y sin quemar por el centro. Te digo yo que es más fácil cocinar una paella. Eso sin contar los mil y un cafés que se inventa la gente; que si un bombón, que si un mitad y mitad, que si uno con leche corto de leche y largo de café, que si lo mismo pero al revés, que si con la leche templada, que si fría, que si un crema...¡un lío!
-Que no es tan difícil, jefe. Le digo yo que se le gana dinero a los desayunos. La inversión es mínima, solo se trata de abrir a las nueve y ya está. Bueno, hagamos una cosa, hacemos la prueba durante una semana, yo me encargo de todo y si no gana dinero yo me quedo sin cobrar. ¿Hace?. Usted no tiene que venir, al principio lo podré llevar sola.
-Creo que nos vamos a arrepentir los dos, Lola, pero prepárame una lista con lo que necesites.

La propuesta de Lola no era tan descabellada, realmente se trataba de abrir un poco antes y servir tostadas. Desde luego mucho menos arriesgado que la propuesta de Don Próspero, a la que aún le estaba dando vueltas.

-No he podido evitar oíros, chicos. Y mira que a mi me da lo mismo porque yo a las nueve de la madrugada tengo cosas mejores que hacer que tomar café en el Búho de Oro, pero no me parece mala idea siempre y cuando no cerréis más temprano por la noche.
-¿Estabas espinado Malaspulgas?. Mira que te puedo denunciar por espionaje industrial.
-No seas borde, Búho, solo estaba analizando la evolución de tu negocio. Anda, pon una cervecita rápido que he quedado con Pasión para comer.

A las dos de tarde el local no solía estar muy concurrido, apenas unos cafés tempraneros y unas cervezas tardías, pero aquel día parecía más transitado de lo habitual.

-Hola, Búho. Lola, guapa, ¿me pondrías una cañita bien fría?
-Que raro verte por aquí a estas horas, Próspero
-Ya ves, Búho, he visto la hora y me dicho, vamos a tomar una birrita con mi buen amigo Búho antes de comer. Por cierto, te invito a comer y charlamos.
-¿De tu propuesta?. Sigue en estudio, amigo. Además tengo trabajo, tengo que hacer unas gestiones para ampliar el horario del negocio
-¡Hombre, los desayunos!
-¿Cómo sabes que son desayunos?

Clavé mis ojos en los de Lola que, no pudiendo aguantarme la mirada, se metió en el almacén. ¿Qué pintaría Don Próspero en el asunto de los desayunos?. Me estaba barruntando una maniobra del comerciante para cambiar la imagen del Búho de Oro. ¿Y Lola complice?, bueno,¡ y por qué no!, después de todo aún no tenia claro cuál era su relación.

-Es que Don Próspero es un tío de negocios -intervino Malaspulgas- y sabe que lo de los cafelitos deja un dinerito. 
-A mi me va avenir estupendamente -las apariciones de Bragas, la mano derecha de Don Próspero, siempre resultaban inesperadas y oportunas para su jefe- y como yo mucha gente. Ese cafelito a media mañana, con su media tostadita y un cigarrito, eso, señores, no tiene precio. Vamos que aquí puede quedar una cafetería de postín.
-¿Una cafetería?. -La pregunta me salío de lo más profundo de mi alma; nunca quise tener una cafeteria, lo que yo monté era un local de copas decente-. Lola, me voy a casa, mándame la lista por correo. Volveré sobre las cinco, si me necesitas antes me llamas. Caballeros, buenas tardes.

Salí del Búho sin mirar atrás mientras sonaban en mi cabeza las voces de toda la parroquia gritando "cafeteria, cafereria", hasta que al doblar la esquina tropecé con Pasión

-¡Qué alegria pal cuerpo tropezar contigo de frente, niña! -la frase me salió en forma de murmullos al sentir el cuerpo de Pasión pegado al el mio-
-¿Cómo dices, Búho?
-Nada, que perdón, que iba distraido. ¿Dónde vas con esas prisas?
-A buscarte.
-Me has encontrado, ¿pasa algo, Pasión?
-No lo sé, pero verás, Malaspulgas habla dormido y anoche dijo algo que me ha inquietado.
-¿No se quiere casar?
-Eso no tiene gracia. Bueno, el caso es que, en sueños, repetía el nombre de Don Próspero y el tuyo, y palabras como "cafetería", "traspaso", "compinchados", "a por él", "doce mil", "comisión", y otras que no recuerdo.
-¿Te ha comentado algo que puedas relacionar con eso?
-Nada extraño, salvo que últimamente cada vez que va a tu local me dice que se va "al Búho mientras siga siendo el Búho". 
-Gracias, Pasión.
-¿Qué está pasando, Búho?
-Dice un proverbio chino que "es facil esquivar la lanza, mas no el puñal oculto". Es posible que hayas convertido los puñales en lanzas, Pasión.