-¿Hoy no te vas, Lola?
-No tardaré mucho, jefe. El caso es que como no estoy cansada y he visto movimiento en el local he decidido quedarme un ratito, pero tranquilo que esto no se lo cobro.
Había estado observando a Lola y a Don Próspero en busca de miradas cómplices, pero o lo llevaban muy discretamente o me estaba equivocado.
El reloj de pared que había al principio de la barra marcaba las tres y cinco, por lo que me dispuse a apagar las luces de la calle. Suelo apagar las luces que adornan la fachada del Búho para evitar que entren nuevos clientes a partir de las tres. Bastante trabajo supone aguantar y despejar poco a poco a los que hay como para recibir a nuevos clientes que, a estas horas, suelen venir bastante animados. En el preciso instante en que se pagaban las luces entró un cliente al Búho.
-Lola, hazme un favor, acércate al tipo que ha entrado y comprueba qué pinta trae. O mejor, dile directamente que hemos cerrado.
-No puedo, jefe. ¿No ha visto quién es?.
-Desde aquí no lo distingo -Lola no solo tenía ojos de gata, también la vista era de felino-, ¿tú lo reconoces?
-Es Fortunato Provecho
-¿El alcalde?
-El mismo. Y parece que se dirige a la "mesa invisible".
Llamábamos la "mesa invisible" a la que estaba colocada detrás de una columna en una esquina del local. Era una mesa muy solicitada por parejas que necesitaban discreción en sus encuentros. Era evidente que la visista del alcalde no era oficial, de manera que fui personalmente a atenderle.
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-Vaya sorpresa, Fortunato, ¿qué haces por aquí?
-¿Qué tal búho, cómo te va?. Necesitaba un lugar discreto y me he acordado de ti. ¿Crees que me ha reconocido alguien?
-La camarera, pero eso no es problema. ¿Qué te trae por aquí?, no nos vemos, ¿desde cuándo, desde la ultima campaña para alcaldia?
-Por nuestra vieja amistad, Búho, necesito que me eches una mano. Es un asunto delicado.
Conocí a Fortunato cuando comencé a viajar por estas tierras enviado por mi antigua empresa. De eso hacia cerca de veinte años y Fortunato era dueño de un puticlub de postín. En realidad esto sólo lo sabíamos muy pocas personas, y nunca, nadie, lo hizo público. Claro que el silencio de las otras tres o cuatro personas que lo sabían le salio caro. El mio fue prácticamente gratis, únicamente le pedí, siendo alcalde, que acelerara los tramites para la apertura del Búho de Oro.
-Tengo un cita
-¿Una mujer?
-Sí, pero no es lo que piensas. Se trata de mi hija.
-¿Hija?. Sólo te conozco dos hijos, ninguna hija
-Yo tampoco la conozco. Verás, antes de llegar a esta tierra estuve casado en mi Galicia natal. Era muy joven y el matrimonio no funcionó. Nos separamos y al año siguiente, estando yo aquí, mi mujer murió. Lo que no sabía es que estaba embarazada cuando me dejó. -¿Y por qué piensas que es hija tuya?
-Pocos años después de la muerte de mi mujer me localizó el cura de mi aldea. Estaba al corriente de todo, me contó que mi mujer sabia que estaba embarazada cuando nos separamos, pero que no me lo quiso decir para que no la molestara. Fue ella qien me dejo. El cura tenia instrucciones de no decirme nada salvo que le ocurriera algo a ella. Al morir me buscó y me lo contó. Pero no podía ver a la niña, al menos hasta que se casara. Ese era su compromiso.
Reconozco que estaba perplejo. La historia era demasiado complicada para ser una simple justificación de una cita clandestina. No sabía qué decir y necesitaba un trago, pero no podía moverme de aquella mesa por lo que llamé a Lola con el móvil y le pedí un par de wiskys. Cuando nos lo sirvió Lola le avisé de que no dijese ni una palabra de esta visita.
-El caso es que Jacinta, ese es su nombre, me ha llamado hace una par de hora y me ha citado en El Búho de Oro. Según me ha dicho lleva varios días en la ciudad esperando el momento. Y es ahora.
-Joderrrrr -no me salio otra cosa-. Y dime, ¿cómo os vais a reconocer?
-Entrará en le Búho y te pedirá un libro de Benito Pérez Galdós,ya sabes, el autor de Fortunata y Jacinta.
-Muy ocurrentes, ¿también se dedica a la política?. Bastaba con que pidiera un orujo, ya sabes, por lo de gallego.Bueno,será mejor que me acerque por la barra por si llega. ¿De verdad que no sabes cómo es?
-Sólo sé que tiene treinta y tres años y si se parece a su madre será morena y muy atractiva.
-Espero que no se parezca a ti.
Cuando me alejé de la mesa invisible vi que estaba toda la parroquia puesta en fila con la espalda pegada a la barra y esperando que les dijera alguna cosa.
-Sin novedad, señores. Y vayan apurando las copas que habrá que cerrar.
Se revolvieron al mismo tiempo formando un corrillo y murmurando Dios sabe qué. Me metí detrás de la barra y llamé a Lola para pedirle que me ayudara a despejar el escenario cuando observé que la
puerta se estaba abriendo. La puerta se iba abriendo muy despacio, de momento se detuvo y asomó una cabeza con melena. Sin duda una mujer.
-Me caguenlaleche, ¿tú qué haces aquí? -el que gritaba era Malaspulgas que, crecido, se dirigió a la mujer recién llegada para seguir increpándola- ¿Qué pasa, que me echas de casa y vienes ahora buscarmen, no?. pues que sepas que estoy con mis amigos y de aquí no me muevo, así que ya puedes ir pidiendo perdón y largardote a casa a esperar que llegue.
Pasión miró a Malaspulgas durante unos segundos y luego se dirigió hasta el punto de la barra donde estábamos Lola y yo.
-Perdona, Búho, pero ¿no tendrás algún libro de Benito Pérez Galdós?
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