-¿Pasión o Jacinta, cómo tengo que llamarte?
-¡Joder Búho!, vaya susto me has dado. ¿Qué haces por aquí?.
-Metiéndome un chute de aire fresco. ¿Y tú?
-Nada, echaba un vistazo a los Cd´s mientras espero a un cliente.
-Muy bien, pues nada, yo sigo. Por cierto, ¿dónde tienes la lista de boda... Jacinta?
-Vale, está bien, vamos a esa terraza, me invitas a un café y te cuento.
Mi amistad con Pasión viene de muchos años atrás, y nuestra relación fue singular e imprecisa desde le primer día. Me presentaba a sus novios y pedía mi opinión como si fuese su hermano mayor, pero buscaba el refugio de mi viejo apartamento y el consuelo de mis mimos cuando se sentía abatida. Y nunca, ni en los momentos de mayor complicidad, me desveló su secreto.
-Primero: llámame Pasión; segundo: Fortunato es mi padre; tercero: llegué aquí con Don Benigno, el cura de la aldea que le contó a mi padre que tenía una hija.
-¿Y el cura te dejó aquí?
-Don Benigno tenía una hermana casada con un pescador gallego y decidieron trasladarse hasta aquí. El barco con el que faenaba en Galicia naufragó y él se salvo gracias a un milagro, según Don Benigno. Eso lo interpretaron como una señal divina que les decía que tenían que mudarse a aguas más tranquilas. Eso, unido a que el sacerdote había localizado a mi padre y a que el matrimonio no tenia hijos y yo me había quedado sin familia en Galicia, les convenció de que tenían que venirse a vivir a orillas del Mediterráneo. Primero llegaron los que serian mis padres adoptivos, y Don Benigno me trajo con él cuando se reunió con mi padre. Fortunato nunca supo nada de esto.
-Nunca te hubiera imaginado gallega
-Tenia cinco años cuando llegué, Búho.
-¿Por qué no me lo contaste nunca?
-¿A quién?. Nunca supe si eramos amigos, hermanos o amantes. No sabía a quién debería de confesarle una cosa así. Lo siento. Además, le había prometido a mis padres adoptivos y a Don Benigno que mantendría el secreto hasta que me fuera a casar, solo entonces me pondría en contacto con mi padre biológico.
-¿Y tus padres de adopción?. Me dijiste que tus padres habían muerto y que vivías con unos tíos.
-La primera parte es verdad. Tenia quince años cuando sufrimos una accidente de coche al volver de Sevilla de visitar la Expo. Yo no sufrí daños, pero ellos murieron en el mismo momento. Otro milagro, según Don Benigno. Los padres de una amiga me acogieron en su casa, a cambio yo ayudaba en las tareas del hogar. Así durante tres años, luego me busqué un apartamento y me independicé. Estuve trabajando de camarera, sirviendo copas en los garitos del Paseo. Ganaba un buen dinero, pero después de cinco años comencé a cansarme de la noche. Y fue cuando te conocí y comenzó mi carrera como comercial. El resto, más o menos, lo sabes.
Sonó el móvil, era Lola en busca de ayuda.
-Jefe, esto se ha llenado, Malaspulgas me está echando una mano, pero no estaría de más que se viniera para el Búho.
Colgué, pagué los cafés y me dirigí al top manta. Elegí un CD y regresé a la mesa, Pasión permanecia sentada con una lagrimita asomandole a los ojos. Le di un beso en la frente y dejé el Cd sobre la mesa.