21 abr 2009

Solo

-Jefe,el otro día me preguntó por qué no conocía ningún novio mio
-Ya, lo siento, no es cosa mía. No creas que me inmiscuyo en la vida del personal
-No, si no me importa. Pero es que aquello me ha hecho pensar que yo tampoco le conozco ninguna mujer...
-Hay lo que ves, Lola. Nada
-ejem, ejem -Malaspulgas, que estaba dos taburetes mas allá, carraspeó de manera estentórea e inoportuna-. Lo siento Búho no quiero decir nada.
-Pues no digas nada, Malaspulgas. ¿O sabes algo que yo desconozca?
-Nada, nada Búho, nada. Estaba descolgado de la conversación.
-Espero no haber metido la pata, jefe.
-Hay mesas que atender, Lola. Y tú, Malaspulgas, son las seis, supongo que tendrás algo que hacer.
-Pues sí, tengo que recoger a Pasión. Me va a presentar a unas amigas que quiere que conozcas. No tendría que habértelo dicho, pero como te has puesto pelín borde...
-A nadie, Malaspulgas, ¿lo entiendes?, no quiero conocer a nadie.
Malaspulgas se marchó después de dejar cinco euros en lo alto de la barra. Y yo me quedé. La verdad es que nunca me había planteado desprenderme de mi soledad. Me gustaba.
-Una última cosa jefe...
-Lola...
-Es que no sé cómo interpretar ese "ejem" de Malaspulgas...
-Ni yo. Bueno, supongo que se referirá a viejas historias que le he contado. Historias que me han enseñado a vivir sólo.

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