16 abr 2009

Lola

Desde que contraté a Lola mi horario se había relajado. Incluso me permitía el lujo de almorzar en casa y echar un telediario de siesta. Con la siesta tenia una relación de amor-odio. Me seducía echarme en la cama, cubrir mi cuerpo semi desnudo con las sábanas frescas y dejarme abducir por el sopor que produce el silencio y la penumbra; pero, por otro lado, nunca he soportado las consecuencias de ese mediodormir, es como un coito interruptus, lo disfrutas por unos instantes pero no logras la plena satisfacción. Me inventé un truco para paliar ese malestar vespertino: reiniciaba el día con todo su ritual; me levantaba, me preparaba un café, tomaba una ducha y me vestía con ropa limpia. Sólo así lograba estar en condiciones de seguir trabajando.

Llegué al Búho de Oro sobre las cinco y media. La sesión de café estaba en su apogeo y Lola parecía agobiada preparando y sirviendo los cafés, aunque, como siempre, me recibió con una sonrisa y ningún reproche. A veces tenia la sensación de que me veía más como un cliente del Búho de Oro que como su jefe.

-Tendrías que haberme avisado, Lola, hay mucha gente y tu sola no puedes. Yo me pongo en la barra y tú vas sirviendo.
-Tranquilo, está todo controlado, pero me vendrá bien una ayudita.

Unas hora después el Búho estaba casi vacío. Aprovechamos para relajarnos y encender un cigarro.

-¿Un cafelito, jefe?
-Sí, por favor.
-¿Solo, cortado, largo, corto, mitad y mitad, bombón, nube, manchado, descafeinado, en taza, en vaso...?
-Solo, corto y en taza, como siempre. ¿Por qué me recitas la carta cada vez que te pido un café?
-Por practicar, jefe.

A Lola me la recomendó Don Próspero. Nunca supe, ni me interesó saberlo, si hubo algo entre ellos. Era eficiente, amable con los clientes y con ganas de aprender; y, sobretodo, Don Próspero me dejo que respondía por ella si hacia algo que me perjudicase. Si levantaba la caja, vamos. Lola había saltado con brillantez la treintena: morena, ojos negros, atractiva, mirada turbadora, con su feminidad bien marcada y un descaro reprimido que la hacia simpática a hombre y mujeres. Es importante que una camarera le caiga bien a las mujeres. Es es la diferencia de ser considerado un local respetable o un puticlub.


-Nunca te ha acompañado ningún novio por aquí, Lola. ¿Cómo es eso?
-Este local es pequeño para eso, jefe.

Lola solía tener respuestas como estas y yo, la verdad, nunca repreguntaba. Me serví una vichy con limón mientras repasaba la caja; el local estaba prácticamente vacío y era el momento de hacer recuento de la media jornada.

-Hola, Búho, pon una cerveza sin alcohol que aún tengo que celebrar una misa.
-Buenas tardes, Don Ángel, me sorprende verle a estas horas.
-Siempre te sorprende verme, Búho, siempre. La verdad es que quería comentarte algo
-Usted dirá.
-Es sobre la muchacha.
-¿Lola?
-Sí, la camarera. Veras, este local siempre ha sido como muy familiar, como cosa de amigos. En cambio ahora, con una camarera...no sé, se me hace dificil imaginarme a mi mismo en un local regular de luz y una mujer detrás de la barra.
-Debería limpiar esa mente calenturienta de los malos penamientos, Don Ángel. Lola es una buena muchacha, lleva aquí dos semanas y no hemos tenido ningún problema. Ninguno. Es respetuosa con los clientes, y ellos con ella. No busque fantasmas Don Ángel, no busque fantasmas donde no los hay.
-Si yo no digo nada, sólo es que nunca la he visto por la Iglesia
-Será de otra parroquia. O será como yo, que tampoco voy nunca a misa.
-Caballeros, muy buenas tardes -era Don Próspero, que como cada tarde se cercaba a por su medio Chivas-. Lola, cuando puedas lo de siempre.

Don Ángel iba por su segunda cerveza sin alcohol y Don Próspero por su tercer medio Chivas mientras discutian discretamente sobre la conveniencia de que hubieran camareras en el Búho de Oro. Los argumentos de cada cual eran de manual, aburridos y reiterativos.

-¿Otra vez con lo mismo? -nadie había notado lapresencias de Malaspulgas hasta ese momento- Me aburren. Yo sólo os digo una cosa -desde que Malaspulgas se habia ennoviado con Pasión tuteaba a los compañeros de barra-, Lola está como un tren, como otras muchas, pero lo importante es coger tu tren, no cualquier tren. Lola será el tren de quien ella elija, y punto. Y una cosa, pater, el pecado no está ni en los ojos, ni en las manos ni más abajo, está aquí -dijo golpeándose la cabeza-. Y me voy. Apúntame esto Búho, apúntame lo mio y lo de estos dos prehistóricos.

Los tres nos quedamos con la boca abierta. Don Ángel y Don Próspero por la parrafada de Malaspulgas y yo porque me veía sin cobrar, ni de unos ni de otros.

-Apunta Lola, apunta en la libreta de Malaspulgas éste sermón, y las copas también.

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