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-Eso de la gota fría es un invento levantino. Lo que va a caer es un aguacero de tresparesdecojones. Lo demás, gilipolleces.
-Como quieras, pero caer va a caer bien.
-Mira, que digo yo...que como viene una gota fría de esas, pues igual podías invitar a un agua de Valencia. Por entonar más que nada.
-Pero si no te gusta, Malaspulgas.
-Es a lo único que invitas.
-No me queda.
-Pon una cerveza.
-No es hora. Te pongo un wisky y te lo cobro como una cerveza.
-Eres de putamadre.
-Soy gilipollas.
Los cristales resonaron con el estruendo de los truenos. La tarde, que ya palidecía, oscureció en unos segundos y el silencio entraba por la ventana del Búho.
-Lo que más me impresiona de las tormentas, Malaspulgas, son los minutos, los larguisimos minutos que le preceden. La calma, el sosiego, la paz, la quietud, el reposo.... es como si las calles y los edificios estuvieran invadidos por la resignación y rezaran en voz baja...
-Eso que dices es bonito; una tontería pero bonito. Llover lloverá; diluviar, diluviará. La tormenta estallará, y a ti, por bobalicón, te pillará sin paraguas.
Mientras me servía un bourbon en vaso bajo y dos cubitos, pensaba que igual no era tan malo que una riada se llevase lo que sobra. Mi duda, Malaspulgas, es si entre las sobras estoy yo.
-¿Otra vez te ha dado?. Está bien, invítame a un wisky y cuéntame...
Eran las gotas frías en el Búho de Oro
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