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-Se avecinan cambios.
-Sí, Don Justo, parece que llega el frío.
-¡No es eso, hombre!. Los cambios de la sociedad. Todo esto va a cambiar.
-Demasiados pecados. Dios perdona pero nos pone penitencias.
-¡Qué tendrá que ver Dios con esto, Don Ángel!. Aquí el único pecado es el de los yankees, que lo quieren todo para ellos y no tienen medida. Miren cómo han dejado el mundo. A Malaspulgas le salió el ramalazo rojo que levaba dentro. Siendo niño había luchado en la guerra civil, con la República, y el pobre creía que l mundo se dividía en blanco y negro.
-Don Ángel, mírelo que dice Malaspulgas, que han sido los americanos. Si usted dice que es Dios que está hartito de nosotros, entonces es que Dios es americano.
-Los abogados lo liáis todo.
-Soy juez.
-Peor.
-Esto pasará, señores. En menos de lo que imaginamos los bancos volverán a ser lo que eran, unos hijos de puta con dinero.
-¿Ahora no lo son?.
-Ahora son unos hijos de puta, Malaspulgas, pero sin dinero. Eso dicen.
-Dinero tienen, bien lo sabe Dios.
-Dios y usted, Don Ángel.
-Calla, Malaspulgas.
-Entonces, siguiendo con mi razonamiento jurídico de la causa del mal causado, los bancos son unos hijos de puta, con dinero y mentirosos.
-No lo sé, Don Justo, no lo sé. Lo que sé es que el mundo ya ha cambiado, si no, a ver qué es eso de que los bancos pidan dinero y el gobierno les de los ahorros de la gente que antes se los había pedido. ¡Esto ya ha cambiado!
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