29 sept 2008

La Noche

Noches perdidas. Pero hay más noches que días. Quinientas noches por diecinueve días. Y más noche que día. Eso es lo que salva al Búho de Oro. O le pierde.

Hay vigilia y hay noche. La vigilia es para los búhos, la noche es para el Búho de Oro. Con la vigilia permaneces despierto. Con la noche, vivo.


22 sept 2008

Las Noches Perdidas

Las primeras luces del dia se confunden con las sombras de la noche. Es la hora de dejar descansar al Búho de Oro. Y como cada madrugada suena un bolero, una canción, la de las noches perdidas. ¡Cuántas noches perdidas!. Pero no es en el Búho donde se pierden las noches.

El Búho de Oro

El Búho de Oro. Me gusta. Suena a vieja taberna, a taberna trasgresora de horarios; taberna abierta hasta el amanecer entre confesiones y consuelos.

El Búho de Oro, lugar de encuentros y desencuentros, de amores y desamores, de risas y llantos envueltos con la música de Sabina el ronco, con boleros de sorpresa, con la poesía de Serrat, con la voz limpia de Pasión o el traqueteo de la Niña.

El Búho de Oro, cerveza negra, bourbon, susurros y humo.

El Búho de Oro, la locura tranquila.

Si volviera a nacer crearía un Búho de Oro. Para ello tendría que tener memoria de mis errores de hoy...si volviera a nacer...ideas desatadas.

Búho de Oro


Nuevo cambio. Y que nadie me pregunte por qué. No lo sé.

El Canto Del Búho

Leve Mudanza


Cambio de dirección. No sé muy bien por qué, pero con esto me siento más libre.

13 sept 2008

El Rayo Que No Cesa

El Rayo que no Cesa falleció con la llegada del verano. En vacaciones de Agosto Luis Andrés publica un obituario y pocos días después me uno a la memoria de El Rayo.


Me sumo, con respeto, al recuerdo de “El Rayo que no cesa”, con quien coincidí en esta revista en los días más dinámicos de El Preguntón. Nos cruzamos guantes dialécticos y nos estrechamos la mano como caballeros. En eso siempre ganaba: era un caballero. Caballero claro, directo y valiente.

Y generoso. Generosidad que demostró al apoyar proyectos endebles que sólo se sostenían con la ilusión de un novicio que sabe que tiene mucho tiempo para consumarlos. Y él sabía, supimos todos, que luchaba con bravura para conseguir unos días más, unos segundos más para estar presente en la vida de su ciudad.

Mi relación con él, por desgracia para mi, fue tardía y otros tuvieron la fortuna de conocerlo mejor. No sabría elegir una palabra que lo definiera, pero sí una que explicara lo que no fue: mediocre. Quizás por eso se sumaba a las ideas imposibles, a causas aparentemente perdidas y participaba en los planes más difíciles sin echar un paso atrás. A El Rayo no le importaba perder, pero no toleraba la rendición. No, El Rayo no era mediocre. Los mediocres se pliegan al confort que proporciona la sumisión a los poderosos, los mediocres aceptan la paz impuesta a cambio del silencio y la penumbra. El Rayo es luz. Y luz clara, sin grises.

A El Rayo no le asustaba perder, pero no perdería sin lucha. Y Juan se fue sin rendirse. Mi recuerdo.

Plinio.