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La lluvia de julio no es como la de abril o la de mayo; ni siquiera como la de junio. Es una lluvia más urbanita, más de asfalto y de soportarles. No sé si le molestará al campo, pero no la reclaman para la cosecha, por lo visto la suerte está echada. Es una lluvia que refresca el verano y cambia el paisaje del calendario, traiciona las fechas pero no es mal vista por los oficinistas que se quejan de sofoco cuando abandonan sus despachos acondicionados y se enfrentan a la calurosa realidad de julio. Es una lluvia simpática. Cae bien, se sabe que es pasajera. No es como la de agosto, que estropea vacaciones y anuncia cabañuelas, esa lluvia agosteña que adelanta el final del verano y nos recuerda los vencimientos de septiembre, ¡puaff!. ¡Viva la lluvia de julio!
P.D.-
Lo olvidaba, hoy está lloviendo
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