5 may 2008

CABALLERO DON LEOPOLDO

DON LEOPOLDO Y LOS SECRETOS DE ESTADO
Muy cómodo no se le veía a Leopoldo Calvo-Sotelo en La Moncloa. Cuando un grupo de periodistas le preguntó sobre su nueva vida en el palacio les confesó que “aquí no se vive bien. Hay muchos teléfonos y pocos libros”. Aunque sin duda no era el único motivo de su malestar. Su investidura había sido interrumpida por un guardia civil malhablado surgido de alguna taberna cercana que, pistola en mano, quería el puesto de Don Leopoldo. En su partido – la UCD- no se fiaban los unos de los otros y habían comenzado a buscar acomodo en otros parajes. La oposición le mordía los tobillos al Gobierno para acelerar su llegada al poder.

Leopoldo Calvo-Sotelo relata en “Memoria viva de la transición” (Editorial Plaza & Janes) una significativa escena con los Ayudantes puestos a su disposición en el Palacio de la Moncloa a cuenta de una caja fuerte. Todo un síntoma de cómo se encontró Calvo Sotelo el Gobierno.


-Es la llave de la caja fuerte, Presidente
Yo no sabía que hubiera en la Moncloa una caja fuerte.
-¿Hay aquí una caja fuerte? ¿Dónde está?
-Detrás del sillón del Presidente-Vamos a abrirla.
Mis ayudantes iniciaron una retirada respetuosa: les movía el temor religioso al Secreto de Estado. Porque ¿dónde van a estar los secretos de Estado si no en la caja fuerte del Presidente del Gobierno?
Les retuve.
-Me tenéis que dar la combinación de la caja
Ah, la combinación. Nunca la habían tenido los Ayudantes, ni se habían atrevido a pedirla.
-¿No te la ha entregado tu antecesor, Presidente?
Mi antecesor no había tenido tiempo de entregarme casi nada, salvo el poder y un golpe militar, que no es poco.
(…)
Recordé que los policías, después de los ladrones, son los que más saben de forzar cajas fuertes. Y llamé a Rosón, Ministro del Interior.
-Tengo que forzar una caja fuerte.
-Eso está hecho, Presidente
(…)
-Señor Presidente, la caja está abierta.
(…)
Con cierta emoción introduje en la cerradura la llave, pequeña y pesada. Le di dos vueltas, que se cumplieron con toda suavidad; la puerta giró también suavemente sobre sus goznes. Los Ayudantes miraban púdicamente por la ventana. Yo miré al interior. La caja era pequeña y un estante la dividía en dos cuerpos. El de abajo estaba vació. Sobre el estante, un papel. Ahí estaba el secreto de Estado. Al parecer, era uno sólo: tal vez la causa de la dimisión de Suárez, o del último destino de Armada.
Traje el papel a mi mesa y lo desdoblé cuidadosamente.
El papel tenía una breve fórmula algebraica con números y letras. No me fue difícil encontrar el sentido.
El papel tenía la combinación de la caja fuerte.
A mi sucesor se la entregué vacía, porque toda la información se la di abierta sobre la mesa del despacho.

Con todo, y sobretodo con patriotismo, Calvo-Sotelo estuvo dieciocho meses en el Gobierno. Hasta que las elecciones de octubre del 82 dieron la mayoría absoluta al PSOE y el entonces Presidente del Gobierno no obtuviera ni acta de Diputado. Durante esos meses Calvo Sotelo consiguió serenar los ánimos de la convulsionada vida política española, se resistió a que la española fuera un “democracia vigilada” y pasó a la ofensiva para convertirla en una “democracia vigilante”. Aprobó la ley del divorcio; metió a España en al OTAN (al fondo un suspiro de alivio de Felipe González); apresó, enjuició y encarceló a los amotinados del 23-F; convocó con normalidad las elecciones que tocaban y las perdió, como estaba previsto. Y se retiró dejando un país mucho mejor del que había encontrado.
Descanse en paz Don Leopoldo Calvo-Sotelo y Bustelo.

Fígaro.

(Remitido el 04.05.08 a Monover.com por si tienen a bien publicarlo)

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