Amanece con pereza, eso parece. Pero llegado el momento, la luz explota y el sol se exhibe soberbio y pinturero. El paisaje se barniza de vida. Es bonito.
Que nadie apague el sol, que dejen la luna encendida para siempre. Con eso y una maleta de recuerdos se hace camino al andar (gracias por la idea, Don Antonio). Y quién sabe, hasta se descamina lo andado. Esto último da miedo, da miedo volver y no encontrar lo que recuerdas.

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