28 ene 2009

El Rey Está Desnudo

Era una noche extraña. Eran las dos de la madrugada y Don Ángel, contrariamente a su costumbre, estaba en le local tomando ron con cocacola; Malaspulgas permanecía sospechosamente callado mientras escuchaba la conversación de Don Justo con Don Próspero, acaudalado comerciante de la ciudad que nos visitaba desde hacia algunas semanas. En la conversación terció Don Severo, el maestro, que al día siguiente tenia clases por la tarde y aprovechaba la noche, y el tono acalorado de las intervenciones sobre un tema tan poco apropiado como la necesidad de permanecer en el euro fue subiendo hasta que, de repente, el silencio y la calma inundó la barra. Fue en ese preciso instante cuando se me escapó una frase mirando a Malaspulgas

-Te encuentro bajo.
-Pues no he encogido, Búho. Si me pongo de pie mido lo de siempre.
-No, no es a ti, Malaspulgas. Estaba recordando algo que me ha dicho un amigo con el que he estado esta mañana. Hacia tiempo que no nos veíamos y al parecer me ha visto distinto.
-¿Has menguado?

De pronto se olvidó el tema del euro y las miradas se centraron en mi.

-Creo que lo que le ha querido decir su amigo -intervino Don Ángel- es que lo ha visto bajo de moral, de espíritu. Decaído. ¿Es eso, Búho?

-A veces, Don Ángel, tiene que llegar alguien que te conoce y que no te ha visto en mucho tiempo para darse cuenta de que has cambiado. Sólo desde la ignorancia o la inocencia se le puede decir al Rey que está desnudo.

22 ene 2009

Don Pedro Braga

- Atención, Búho...cinco, cuatro, tres, dos, uno...
Y la puerta se abrió. Desde hacia una semana aquel tipo venía todas las noches a la una en punto. Como cada noche se acercó a la barra y pidió un Chivas en vaso ancho con un hielo. Como cada noche desde hacia una semana se sentaba en el taburete del fondo de la barra y perdía la mirada en el vaso de wisky. Como cada noche iniciaba el ritual para encender un Montecristo número 4. Desde hacía una semana hacía lo mismo sin abrir la boca; pero aquella noche, y como si nos conociéramos de toda la vida, susurró "creo que es la última noche, Búho".

Como si nos moviera un resorte, Malaspulgas, Don Ángel y yo mismo nos avalanzamos hasta el final de la barra. Sin atrevernos a pronunciar palabra esperamos que Don Pedro Braga -así se llamaba- continuara la frase. Y sentenció: "me sustituyen". Después de unos segundos de denso silencio, intervino Don Ángel:

-Disculpe, Don Pedro, no sabemos a qué se dedica. Hace una semana llegó se presentó muy educádamente y nunca más habló. ¿Sería mucha indiscreción preguntarle en qué le van a sustituir?
-En la empresa -comenzó a contar lentamente el Sr. Braga- nos llaman técnicos en ventas. Somos lo que toda la vida de Dios, perdón padre, se ha llamado viajante de comercio. Los chinos y la crisis me ha llegado y las ventas no son lo que eran , por lo que la empresa ha decidido sustituirme por otra persona.
-¿Qué vende?. A Malaspulgas le picaba la curiosidad
-Lencería fina, caballero.

Los ojos de Malaspulgas se abrieron como platos. Se sentó junto al viajante e hizo un juego con los dedos señalando el wisky de Don Pedro para luego mostrarse así mismo. Le serví un JB.

-¿Pero cómo ha sido eso? -la verdad es que no sabía como consolar al vendedor y la pregunta quedó un poco forzada-
- La empresa piensa que he perdido carisma y me ha sustituido por una persona más joven, con mejor presencia y, según dicen, con mayor proximidad al cliente. En eso se equivocan. Nadie ha tenido tanta proximidad con los clientes como yo. Pero así son las cosas, señores. He quedado aquí con mi recambio, no creo que tarde. Durante esta semana le he presentado a los clientes, hemos estudiado el mercado y esta noche tomamos una copa de despedida. Mañana me marcho.

El silencio se podía cortar en el Búho de Oro. Malaspulgas se retorcía el pelo buscando una frase de consuelo, yo limpiaba la barra distraidamente y Don Ángel comenzó a tomar aire para decir unas palabras cuando la puerta se abrió.

Una silueta de mujer recortaba la luz amarillenta que llegaba del exterior. El humo no nos dejaba distinguirla mientras avanzaba, pero sus curvas y sus movimientos dejaron paralizado a Malaspulgas. Caminó con paso firme hacia nosotros y su desdibujado rostro comenzó a tomar forma. Fue entonces cuando Malaspulgas y Don Ángel giraron sus cabezas buscando mis ojos. Yo apenas pude susurrar...

-¿Pasión...?

13 ene 2009

La Canción Perdida

A las diez de la noche no suele haber mucha gente en el Búho de Oro, sólo unas pocas cervezas de última hora que se cruzan con los primeros cafés de la noche. Aquella noche, como otras tantas, aproveché ese par de horas de transición para dejar caer un cubito de hielo en un pequeño vaso y llenarlo de Jack Daniel´s hasta el borde, abrir mi portátil y conectarme a internet. Busqué y rebusqué por Google y YouTube sin encontrar lo que quería. Increíble. Con el tercer Jack Daniel´s y la sensación de fracaso cerré de un golpe el portátil cuando vi entrar a Don Ángel al local.

-No son horas, Don Ángel. Para un cura no son horas.
-Vengo de asistir una última voluntad. Hace tiempo que nadie pide la extremaunción y hoy lo han hecho. Casi llego, Búho. Cinco minutos más y me lo encuentro muerto al pobre. Cuando un enfermo empeora hay que llamar primero al cura y después al médico, ¿no crees? Ponme una copita de coñac que me reponga, anda.
-Se lo pongo, pero el ambiente ahora cambia un poquito y no sé yo si es lo más apropiado para un cura.

Los vicios o virtudes del cura a mi me daban lo mismo, pero no era lo mejor para el negocio ver a un cura en el Búho de Oro a esas horas. A partir de las doce de la noche suelen llegar parejas furtivas de enamorados, solitarios en busca de solitarias o de más soledad. Lo último que esperan encontrar es un cura con sotana. Malaspulgas debió de pensar lo mismo que yo cuando entró.

-Don Ángel, ¿qué coño hace usted aquí a estas horas?
-¿Pero qué pasa en este local a media noche, caballeros?
-Nada, tómese el coñac Don Ángel, invita la casa.

Malaspulgas se me acercó y con descarado disimulo me dijo que el cura me iba hundir el negocio. La verdad es que aquella noche necesitaba de la ayuda divina después de haberme fallado Google.


-Déjalo Malaspulgas, igual tiene mano con los de arriba y me ayuda a encontrar algo que perdí hace muchos años.
-Para eso estoy yo, Búho. ¿Qué has perdido?
-Una canción.
-¿Un CD?
-No. Una canción. El titulo es un nombre de mujer. Llevo años intentando encontrarlo y no hay manera. Ni siquiera recuerdo la melodía, sólo sé que cuenta la historia de un nombre de mujer.
-¿Por qué no pierdes cosas normales, Búho?. Si pierdes un sombrero tirolés yo te puedo traer uno, pero una canción. Dime una cosa, Búho, ¿qué es lo que quieres encontrar, la canción, el nombre de mujer o la mujer? Ponme un wisky a ver si me inspiro.
-La canción con nombre de mujer.

8 ene 2009

Una Mujer en el Búho

-Hace un frío de cojones, Búho, ¡pero de cojón de mico!
-Cuida ese lenguaje, Malaspulgas, hay señoritas.
-¡Lahostia!. ¡Uy, perdón!. Joder Búho, me pongo de los nervios. ¿Dónde coño están?. ¿Te cobran la copa?
-Este local es tan decente como lo era ayer, Malaspulgas, las señoritas no son "de compañía". De hecho solo queda una de las dos que han venido. Mira ahí está. Os presento: Malaspulgas, Pasión. Pasión, Malaspulgas. Es una vieja amiga, hacia tiempo, mucho tiempo que no nos veíamos.

La mujer, de unos cuarenta años, vestía una chaquetilla roja ceñida que acababa en la cintura y una falda de tubo que marcaba una figura turbadora y golosa. Una melena negra como la noche jugueteaba por un estilizado cuello y un rostro sereno y hermoso.

-Encantada, curioso nombre el suyo, señor.

Malaspulgas apenas atinaba a pronunciar palabra y con más mímica que palabras le pidió a Búho algo de beber.

Hacía mucho tiempo que no veía a Pasión, y he de confesar que había mejorado con los años. Hablamos un buen rato con la barra por medio hasta que llegó Don Ángel acompañado de Don Justo y Don Severo, que después de ponerse al corriente de la historia por boca de Malaspulgas, entró en la barra, me empujo fuera y se puso a servir copas.

-Yo me encargo Búho, te he visto mil veces y es fácil. Vosotros, un saludo señorita, sentaros en la mesa que Malaspulgas os pide la comanda.

Así fue como un cura, un maestro, un juez y un raterillo se hicieron cargo del local por una noche. Una noche que la dedique a charlar con una vieja amiga, a recordar lo que fue, a lamentar lo que no fue y quizá a soñar lo que puede ser.


Cuando nos dirigimos a la puerta en busca de la noche más densa, pude oír a Malaspulgas preguntar de dónde había salido "ese pedazo de mujer", y no sé si fue el efecto del viento pero me pareció escuchar una voz que dijo..."de otro blog"

5 ene 2009

Noche de Reyes

-¿Crees en los Reyes Magos, Búho?


-¿En cual de los tres?
-¡No me toques las pelotas!. ¡Sabes que son un pack de tres, crees o no crees y punto!
-Creer en uno ya es un acto de ingenuidad, así que ya me dirás creer en los tres, Malaspulgas.
-Pero bueno, ¿sí o no?
-Va por días, Malaspulgas, va por días. En noches como éstas quiero creer, quiero pensar, soñar que es posible que las ilusiones se pueden hacer realidad.
- ¿Y no pueden ser todas las noches, noches de Reyes, Búho?
-Hagamos una cosa, Malaspulgas, dejemos nos chupitos de anís y unas pastitas en la barra y vámonos pronto a la cama. Mañana veremos.
-¡Hecho!, pero dame a mi un chupito, es por un porsiacaso.